Es a la vez quien trae y quien se lleva
En ciclos tan cuidados como intensos
Es su alma un remolino que renueva
Bajo la claridad, él es inmenso
En la tarde sobre él un sol reposa
Y en el amanecer, su piel reluce
Envidiosa luna que lo acosa
Y él nos entrega más, y nos seduce
Es un testigo mudo, de intentos
El paso obligado hacia el destino
El guía impiadoso de los vientos
Ulises a sus pies quedó anodino
Majestad única de los cimientos
Salada humanidad y él, su vino.
CGO 2007